Visiting Los Angeles was a defining moment in my life. It marked a turning point, a convergence of paths, and a significant chapter in my personal history.
Before arriving in this vibrant city, I went through countless conflicting emotions that made me question my decision several times. But there I was, on a plane to LAX, with no specific expectations. Little did I know that what awaited me there would be beyond anything I could have ever imagined.
In a city where everyone is chasing fame, I unexpectedly met my past self – the part of me I had long neglected. I rediscovered a part of myself I thought was dead, and I realized it was desperately trying to live, patiently waiting for the perfect moment to resurface.
As is often the case, the aftermath proved challenging. The overwhelming descent back into reality can leave us disheartened because it can never live up to the flawless narratives we selectively choose. But what can we do? The prequel is already complete, and now it is time to write the main story.
Join me on my transformative journey through the streets of Los Angeles, where I discovered my true self amidst the glitz and glamour. Learn how the highs and lows of this experience shaped my perspective on life and ignited a desire to create a new narrative. Find out how I embraced the chaos and uncertainty and ultimately found the courage to write my own destiny.
Son las 3 y media de la mañana y todavía no me puedo dormir. Creo que ya lo probé todo y nada parece funcionar. Estoy cansada, sí. Mi cuerpo está agotado, pero mi cabeza no para de dar vueltas.
Hablo con mi cerebro entre calambres, tomo agua, un té, lloro, río, todo se vuelve inútil.
Cuando tengo que volver a la vida que no quiero, ahí es difícil. No sé qué puedo hacer o qué quiero hacer para desbloquear la mente. Necesito que esto pare, pero ya no por un tiempo ni por una noche. No quiero un placebo, no quiero olvidarme y después arrepentirme. No. Quiero una solución definitiva, una respuesta que me ilumine y me diga que todo esto tiene sentido.
Necesito blanquear mi cabeza de manera permanente o no voy a poder seguir.
Me siento en esos videojuegos de lógica en los que llegás a una parte de la misión en la que te falta UN solo objeto para abrir la puerta o pasar al siguiente nivel.
Me siento atorada y a lo único que se me ocurre recurrir es a lo metafísico, a la magia. Ya no sé qué más hacer. Probé alucinógenos, probé métodos naturales, algunos relajantes, intenté meditar, comer sano, caminar, cansarme físicamente, seguir de largo… Solo quiero dormir bien.
Deseo descansar una noche, libre de pesadillas y movimientos bruscos. Y al amanecer, deseo estar lo suficientemente despierta para enfrentar el día y cumplir mis objetivos.
Quiero la mente fresca y limpia, para pensar, coordinar, planificar, para crear, para lucirme de una vez por todas. Quiero dormir bien para poder estar despierta.
Pasó Halloween, o Samhain, o como quieran llamarle. Y para celebrarlo, en mi canal publiqué una serie de 3 videos que tocaban temas que pueden aparentar no tener mucha relación entre sí más que tratarse de historias de terror. Pero si escarbamos un poquito más e intentamos llegar a la relación simbólica entre estos videos, podemos ver que todo siempre termina teniendo que ver con la cultura de masas.
Por ejemplo, vayamos al caso del primer video, que es donde empezó este cuento:
El origen pagano de Halloween | ¿Por qué no se celebra en América Latina? habla de la cultura precristiana y la posterior apropiación de sus costumbres por parte de los conquistadores a fin de contener a los nativos, eliminándolos tanto del plano físico como del esotérico, convirtiendo Yule en Navidad y Ostara en Pascuas (entre muchas otras cosas).
Desaparecer el imaginario colectivo de una comunidad puede ser tan o más poderoso que invadir su territorio a mano armada. Borrar las ideas y costumbres, también desarma una parte de la historia, volviendo a su reconstrucción imposible y a la verdad, cuestionable.
Con tecnologías más avanzadas pero aún precarias, se nos permitió estudiar la crueldad humana a escala individual. Nos encontramos ante un fenómeno inédito, donde la cultura colectiva queda en jaque frente a la mente de unos cuantos sujetos aparentemente más inteligentes que el resto.
La existencia de personas capaces de actos semejantes y su divulgación irresponsable abren la pregunta sobre el rol de la cultura popular y de los medios de comunicación en la formación de ideas que pueden resultar nocivas para la estabilidad social.
Según Zygmunt Bauman, sociólogo y filósofo polaco, las viejas estructuras sociales se debilitaron con la modernidad; esto generó un estado popular de anomia, con reglas que parecen sólidas pero que en verdad son líquidas, cediéndole a un solo individuo el poder de hundirlas si así lo desea.
Por último, en mi tercer video, La verdadera historia de las brujas de Salem, cuestiono el poder de una “palabra santa” dictada por un organismo conformado por seres humanos tan sabios como animales:
Autoridades absolutas, el poder de una denuncia infundada, la construcción de ciudadanos idóneos y ejecuciones injustas… todo eso es lo que nos dejaron los famosos Juicios de Salem.
La moral tendenciosa y completamente sesgada de unos cuantos y cómo eso puede resultar en la caída de un pueblo, volviendo a unos contra otros a causa de unas cuantas alucinaciones.
Historias condenadas a repetirse si las olvidamos, orígenes que no cuestionamos porque eso fue lo que estudiamos, vidas que pasaron antes que nosotros para traernos donde estamos.
Sí, esta fue una serie de Halloween donde conté unos cuantos cuentos de horror. Pero tengamos presente que todos ellos alguna vez fueron parte de nuestra historia.
Abrí mi canal de YouTube en mayo de 2019, el día 3 para ser exacta. 16 días después me animé a subir mi primer video; uno que se titula BASTA, LO SUBO porque ya me tenía harta a mí misma con las vueltas que le venía dando a la cosa.
Hacía ya muchos años quería abrirme un canal y empezar a subir videos, de hecho ahí mismo lo cuento. Pero nunca me animaba a publicar nada. Sentía mucha vergüenza y miedo, significaba exponerme demasiado.
¿De qué iba a hablar? ¿Cuántos videos iba a llegar a subir con el tiempo limitado que tenía? ¿Lo verían mis compañeros de trabajo y pensarían que soy una boluda? ¿Hablarían de lo ridícula que soy a mis espaldas? Todo eran inseguridades.
Más de un año después y con casi 20 videos encima puedo decir que cada vez que voy a publicar uno nuevo siento esa misma cosa rara en el estómago que me hacía dudar al principio. Creo que en sí es una sensación que no se va a ir nunca, pero calculo que eventualmente aprenderé a controlarla.
Un poco ya lo hago, digamos, veo mi evolución en cosas como en mis guiones, mi forma de hablar, de encuadrar las tomas, de editar, de los tópicos que elijo tocar… en muchas cosas. Pero sí, esa molestia en la boca del estómago siempre está.
Entiendo que una gran parte de crear algo implica exponerse y eso es lo que puede dar miedo. La diferencia entre publicar un libro o sacar un disco en los 80s y subir un contenido a las redes sociales en el 2020 es que antes necesitabas de una empresa enorme para llegar a todo el mundo, sino te conocía solo tu entorno. Hoy, lo que hagas en internet tiene el potencial de llegar a todo el mundo sin mucha inversión encima, y eso es lo que más me intimida.
¿Vieron cuando dicen que al mar no hay que tenerle miedo, sino respeto? Bueno, con las redes sociales pasa un poco lo mismo. Tenemos en las manos herramientas de comunicación que nunca antes habíamos imaginado, y es obvio que eso asusta. Es un poder demasiado grande para que esté en manos de seres tan primitivos como los humanos.
Un mensaje nocivo puede esparcirse por el mundo creando una pandemia virtual al mismo tiempo en que una causa justa puede ser defendida por billones de personas que no hablan siquiera el mismo idioma.
El punto acá es que después de varios meses de estar metida en esto, entendí que no existe una fórmula mágica para pegarla o crecer. Tampoco es real que una vez que te mandás automáticamente perdés el miedo. Tal vez para algunas personas sí sea así, pero lamentablemente no fue mi caso.
El cagaso a cagarla (valga la redundancia) y el pánico a hacer el ridículo o a equivocarme, sumado a la presión que siento al mirar las estadísticas y darme cuenta de que un video que me llevó mucho laburo no funciona tan bien como esperaba, son todas cosas con las que también hay que empezar a lidiar una vez que decidís hacer contenido en redes sociales.
¿Existe una solución a esto? ¿En algún momento se pasa? Sinceramente no lo sé. Pero lo que sí sé por seguro es que de 100 bocetos, al menos 1 tiene que salir bien. Y que si no te termina de convencer, habrá que seguir creando otros para eventualmente llegar a algo con lo que estemos conformes.
Ahora, esto no soluciona el tema de las inseguridades que involucran a los otros, y acá cada uno tendrá su propio camino para construir; pero lo que puedo afirmar es que si bien tenemos que definir a qué público queremos llegar con nuestro contenido, también es importante ser fieles a nosotros mismos y a nuestras ideas. Porque al final, quienes quieran quedarse con vos van a ser los que (justamente) deseen hacerlo. Y la vida es demasiado corta como para andar exigiéndole a los demás que nos expresen sentimientos que no existen.
The Perks of Being a Wallflower
Así que como para cerrar esta reflexión me gustaría decir: si estás leyendo y estás suscrito a mi canal, muchas gracias por bancarme. Si no lo estás, te invito a chusmear un rato. Y si querés crear algo, mandate y hacelo como salga, que sobre la marcha irás aprendiendo. Creeme: querer alcanzar la perfección agota y hace que veamos las cosas más difíciles de lo que en realidad son.
El colectivo punk feminista anti-Putin se presentó por primera vez en Argentina el domingo 14 de abril en Niceto Club con una performance eléctrica y llena de consignas revolucionarias.
Pussy Riot en Niceto Club, Buenos Aires
Pussy Riot no es una banda más que solo se dedica a dar recitales. Pussy Riot es un colectivo punk feminista performático que lleva el arte a los más altos niveles de protesta.
Saltaron a la fama en febrero del 2012 cuando Nadezhda (Nadya) Tolokónnikova, Yekaterina Samutsévich y María Aliójina fueron detenidas tras entrar a la Catedral de Cristo Salvador de Moscú, hacer una reverencia y empezar un concierto de repulsión frente a la candidatura de reelección de Vladimir Putin. La performance, que duró tan solo 40 segundos, le bastó al gobierno ruso para sentenciarlas a dos años de prisión.
Lo irónico es que en diciembre de 2013 fueron liberadas por una amnistía impulsada por el propio Putin, que proponía descarcelar a 25.000 reclusos, entre los cuales se encontraba el grupo. Sobre esta medida, Nadya opina que fue solo para quedar bien frente a los occidentales, ya que en el febrero próximo (2014) se celebrarían los Juegos Olímpicos de Sochi.
El grupo volvió a hacerse presente durante la final del Mundial de Fútbol 2018, cuando invadieron la cancha mientras Francia y Croacia competían por la copa.
Hasta acá un poco de historia. Ahora, ¿qué pasó el domingo 14 en Niceto y por qué es tan importante la presencia de un grupo de rusas en Argentina? Bueno, seguí leyendo.
Nadya Tolokónnikova
Me armé una playlist, me puse los auriculares y me subí al bondi. Viajé unos 30 minutos y caminé unas cuantas cuadras mientras seguía enchufada a Spotify.
Cuando llegué a Niceto no había fila. Chequeé la hora porque me pareció raro, siempre suelen atrasarse estas cosas y termino llegando con tiempo de sobra. Pero esta vez no.
Entré al lugar para encontrar que en el escenario se estaba llevando a cabo un panel (“La Protesta Amenazada”) en el que Nadya, Daniel Sandoval -docente villero-, la periodista Florencia Alcaraz y Paula Litvachky -directora del Área de Justicia y Seguridad del Centro de Estudios Legales y Sociales-, hablaron de punk, política, género, feminismo y el derecho a la protesta.
“La gente que es más abierta es ridiculizada por la policía y las instituciones” dijo Nadya, refiriéndose a periodistas u otras personalidades que en medios masivos defienden el movimiento feminista o LGBTIQ+ en Rusia, ya que, como se sabe, quienes se identifican con cualquiera de estas banderas son perseguidxs, arrestadxs y torturadxs debido al peso que tiene la Iglesia Católica en el país. “El pueblo ruso merece algo mucho mejor que lo que les está pasando”, agregó.
Nadya Tolokónnikova durante el panel La Protesta Amenazada
La entrevista concluyó con una reflexión de Daniel Sandoval sobre la explosión de movimientos feministas en el mundo: “La gente en todo el mundo tiene ganas de cambiar las cosas. Y eso confirma mi convicción de que el cambio tiene que ser a nivel internacional.”
Todxs bajaron del escenario después de sacarse fotos levantando sus pañuelos verdes. Se hizo una pausa, y música electrónica llenó el ambiente para marcar que empezaba la espera.
Después de unos 20 minutos, se preparó la escena para recibir a Naomi Preizler, ex modelo que se hartó de la industria de la moda y decidió dedicarse a la música.
Naomi Preizler junto a sus bailarinas
El show empezó un poco complicado, para ser honesta. Desde que se escucharon los primeros beats tuvieron problemas técnicos, que solucionaron después de tres intentos.
Al grito de “Soy lo que ven, soy lo que quiero ser” y después de presentar su historia, Naomi, junto a sus bailarinas Vera y Rosa, se movió arriba del escenario con total soltura, llena de amor, glitter, trap y pop. “Gracias Pussy Riot por visitarnos”, dijo. “Estoy muy feliz de abrir para ellas”, agregó antes de despedirse.
Otra vez subieron las luces y el volumen de la música, pero esta vez cerraron las cortinas. Yo estaba cerca del escenario, por lo que llegaba a ver muchos pies moverse de un lado al otro. Todxs nos estábamos preparando para recibir a Pussy Riot.
Muchas planeaban cómo iban a saltar las vallas, algunas se pusieron sus pasamontañas, otras se llenaron de brillos, y juntxs cantamos a los gritos el ya clásico “Aborto legal, en el hospital”.
Se sentía la sororidad entre el público, se podía respirar el mismo aire a deseo de revolución que se siente en las multitudinarias marchas de Plaza de Mayo al Congreso. Se leían carteles y banderas con cientos de consignas, se escuchaban charlas de izquierda y gritos con pedidos de libertad. Era un clima de protesta. Estábamos todxs listxs para la performance.
Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito
Se abrió el telón y ahí estaban, firmes como siempre, las integrantes de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, pidiéndonos a todas que una vez más levantáramos nuestros pañuelos y siguiéramos luchando porque el 28 de mayo se presentará el nuevo proyecto de ley en el Congreso. “Levantamos los pañuelos porque somos #NiñasNoMadres. Levantamos los pañuelos porque es mi cuerpo y mi decisión. ¡Levantamos los pañuelos porque se va a caer!”, gritaron. Y la sensación fue realmente inexplicable. Se me pone la piel de gallina de pensarlo.
Llegó el momento. El escenario se llenó de estática, radiación, signos de peligro y rabia. En cuanto las Pussy Riot se pararon mirándonos de frente, todxs sabíamos que lo que seguía iba a ser una locura.
Tema tras tema repasaron su historia, su paso por la cárcel, su lucha, las prohibiciones a las que el pueblo ruso es sometido, la importancia de protestar y de decir que no estamos de acuerdo con lo establecido. Todo, todo, todo, no dejaron nada afuera.
A Organs -y estrellas de fondo- le siguieron 5 minutos de un discurso que enumeró a todas y cada una de las víctimas y causas por las que se mueve esta ola en América Latina y en el mundo. Ningún nombre ni consigna quedó afuera. Porque tenemos que tener siempre algo en claro: no somos nada sin memoria. Ninguna lucha al final vive si no es por una causa. El feminismo no es una idea más, es un movimiento imparable que crece día a día, y tenemos que llevar bien presente el porqué.
Pussy Riot en Niceto Club, Buenos Aires
Esto siguió hasta que el recital se hizo de una hora y media (tiempo que pasó volando), y cuando después de tocar Straight Outta Vagina parecían despedirse, volvieron para terminar la noche con una mezcla de sonidos electrónicos y juegos de luces epilépticas que me dejaron fascinada.
En conclusión, las Pussy Riot nos regalaron una noche atípica, con un nivel de performance que pocas veces se ve arriba de un escenario. Y el mensaje nos quedó clarísimo: no esperes sentadx a que alguien te traiga tus derechos, levantate y peleá por ellos. Y esa es la verdadera esencia del punk.
El año pasado lo empecé vestida de blanco. Cené con la familia y después me pasaron a buscar amigos y pareja, como tiene que ser.
Me saqué fotos con todos, sonreí, comí, tomé y bailé. Me divertí mucho, fue lindo, agradable… Pero esa no era yo.
Yo soy como recibí el 2019: black and blue. Sin promesas falsas de luz, sincera conmigo y con mi estado anímico de los últimos meses. Con amigos, sin preocuparme por las formalidades.
El día de mi cumpleaños me dijeron “¿Qué te pasa? Sos Daria.” Algo me hizo un click en ese momento ¡Y si! Tenían razón. Me molesta hacer lo mismo que todos. Me angustia hacer lo que se supone que tengo que hacer. Elijo siempre la ropa negra y me alejo de la gente que no tiene un mínimo de extraordinariedad en su interior.
Aprecio con cada milímetro de mi ser los silencios, me desespera el ruido de fondo, amo vivir escuchando música (y radio). Tengo auriculares puestos casi 24/7 y a muchos les resulta raro.
No estoy enojada, no me pasa algo, es simplemente el espacio en el que me siento segura.
Me gusta rodearme de gente que admiro y conocer nueva. Creo que no hay nada más lindo que las charlas de madrugada que se extienden hasta que sale el sol. Busco siempre descubrir y sentir algo nuevo, aunque me asuste. Me aburre la monotonía, y también estar mucho tiempo en un mismo lugar. Vivo intranquila por esto y me desespera no poder cambiarlo.
En un año, tan solo doce meses, 365 días, experimenté todas las emociones que pueden sentirse: amor, rabia, enojo, sorpresa, indignación, decepción, alegría, adrenalina y otras tantas.
Todo lo que pasó me movilizó al punto de llegar a diciembre sin ganas de nada. No quería festejar mis logros ni tampoco seguir llorando mis penas. No quería nada, no esperaba nada.
Los colores representan todo lo que somos y sentimos, comunican. Y cuando noté el paso del blanco al negro en un año, algo se sacudió adentro. No me había detenido a dimensionar cuánto cambió mi vida en un año y no pude dejar de pensar en cuán rápido pasó el tiempo.
El color nos identifica y expresa todo lo que llevamos oculto, pero al final de cuentas, no deja de ser una convención. En occidente tomamos al blanco como representante de la vida mientras que en oriente el negro cumple la misma función.
Prefiero pensar entonces que yo no empecé el año y mi cumpleaños de negro luto occidental. Elijo creer que vestí de negro para simbolizar el renacimiento, el tocar fondo y arrancar de nuevo. El negro representa el espíritu, la energía que nos une al cuerpo, lo que nos motiva a seguir moviéndonos.
En China no marca el fin ni la muerte de nada, representa la vuelta al centro, el reencuentro con nuestro origen y el potencial para crear todo desde la nada. Es el color que agrupa todos los colores, y a partir del cual puede empezar todo otra vez.