
Te juro que nada quiero más en la vida que poder racionalizar esto, encontrarle la lógica, traducirlo de alguna manera o hacerlo comprensible para mi cerebro. Pero no puedo, no me sale, no lo entiendo. Me da miedo.
Me destroza pensar que tengo que ser yo quien dé el primer paso, porque pienso demasiado todo. No me sale ser espontánea, a menos que esté bajo la influencia de alguna sustancia. Y sé que eso nunca sale bien.
Quiero que todo sea claro como el agua y que este nudo en el estómago se vaya.
Sé que esto es real, lo siento. También sé que va a pasar. El problema es cuándo, bajo qué circunstancias, en qué momento y lugar. ¿Cómo va a ser? ¿Qué tengo que hacer?
No soy más que una imbécil pretendiendo ser grande, sintiéndome como una adolescente, viviendo miles de sensaciones de nuevo. Estoy aterrada. La incertidumbre es dolorosa y la espera es tediosa.
Ya no sé cómo expresarme, porque es algo que me cuesta horrores. Sé que a vos también, pero creo que yo estoy más dispuesta a soportar el dolor que vos.
Perdí el hambre, pero no puedo evitar sonreír, y el mundo se está dando cuenta. Estar enamorada me resulta espantoso, sobre todo cuando es tan sincero. Esto no tiene matices, no tiene peros. Todo es un sí detrás de otro.
Es un amor tan genuino el que siento que, irónicamente, estoy dispuesta a bancarme el dolor de vivirlo.
